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Continuación de Viaje a Ushuaia y El Calafat en au (Leído 2700 veces)
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Continuación de Viaje a Ushuaia y El Calafat en au
23.11.06 a las 12:20:08
 
Domingo 22: Salimos de Río Turbio rumbo a El Calafate. Llegamos a mediodia, almorzamos en el pueblo, y rumbo al Glaciar Perito Moreno. Está bastante alejado del pueblo, pero el camino hasta allí es muy lindo, bordeando el Lago Argentino, el más grande de la Argentina y el segundo de Sud América. Color turquesa. Debido a ello el Perito Moreno le puso ese nombre, porque con el blanco de la nieve de las montañas que lo enmarcan , el azul celeste del cielo y el color del lago, formaban la bandera argentina. El Parque Nacional Los Glaciares, es muy pintoresco, con sus inmensos árboles de lengas,  coíhues, y los arbustos de calafates de flores amarillas  y las rojas de los notros, con vueltas y vueltas en un camino de montaña, con la permanente compañía del lago en el que flotan perezosamente tempanos de hielo de un extraño color blanco y verde azulado. Por fin divisamos a lo lejos, el magnífico Glaciar Perito Moreno. No hay fotografías ni filmaciones que puedan transmitir la irreal belleza de esos extraños e interminables picos de hielo, color blanco y azul translúcido. Vuelta tras vuelta, nos fuimos acercando hasta tenerlo allí, frente a nosotros. De tanto en tanto se oían estremecedores sonidos semejantes a truenos de tormenta. Pero no. Eran los tremendos bloques de hielo que se desprenden  de esa enorme pared. Después de admirarlo por largo rato, decidimos emprender nuevamente nuestro viaje, ya que no teníamos planeado pernoctar en “El Calafate”, y debíamos tomar una ruta de ripio, la provincial 9 de Santa Cruz. Me la habían recomendado, ya que así nos ahorraríamos casi 200 km.
Allí llegamos y al principio con muchas piedras, estas parecieron disminuir, por lo cual seguimos internándonos. Eran muchos km. Nadie pasaba ni de ida ni de vuelta. El camino cada vez más pedregoso con un ripio suelto y grandes piedras, se hacía cada vez más preocupante, nos internábamos entre serranías y se hacía muy lento debido a las piedras que golpeaban con fuerza el auto y aunque oscurece tarde, alrededor de las 21 hs., se haría la noche en esa absoluta soledad. En eso…una cubierta cortada por una filosa piedra. Nos bajamos. El viento helado nos atravesaba las abrigadas camperas y nos congelaba las manos. Cambiaron la rueda, pero decidimos volver atrás. Era cada vez peor!. Dimos la vuelta después de haber recorrido 40 largos km, ya que no se podía ir rápido, con el temor de tener otro inconveniente en semejante lugar. Ya oscurecía y afortunadamente llegamos a la Ruta 5 (la que va  del Calafate a Río Gallegos). Seguimos camino,  ya de noche. Teníamos reservado alojamiento en Cte. Luis Piedrabuena., pero estábamos muy lejos de allí, cansados, hambrientos y con frío. Llegamos así a un paraje “La Esperanza”, nunca tan adecuado un nombre. Paramos a cargar combustible, y allí mismo tenían unas cabañitas, muy sencillas, nos dijeron, para los petroleros que trabajan por la zona, pero limpias, con su baño, y muy calentitas y confortables. Nos pareció un oasis después de semejante travesía. Y también pudimos cenar allí!!. Una comida muy rica, unos bifes de chorizo tiernísimos, con un buen vino, y a dormir. Fue el lugar que mejor comimos en todo el viaje, y el mejor precio también. Realmente fue muy tranquilizador encontrar ese lugar en medio de la noche, del frío y de la soledad de la Patagonia. El lugar se llama “La Mata Negra”, haciendo alusión a los únicos matorrales que crecen en ese enorme desierto.
Después de haber dormido cómoda y plácidamente, desayunamos y partimos hacia la intersección con la Ruta 3, para seguir luego a Puerto San Julián, nuestro siguiente destino. Pero hablando del destino…habiendo recorrido mas o menos 80 km por la 3, cosa rara en mi, me había adormecido, cuando escuché un alboroto y un barquinazo del auto…Al abrir los ojos…estábamos parados en la banquina contraria, mientras miraba incrédulamente como una rueda corría  rumbo al alambrado del campo…y a los pocos segundos…un enorme camión con acoplado pasaba  junto a nosotros a toda velocidad…y otro coche atrás… ¡¡Se había salido la rueda posterior izquierda!!. Fueron segundos apenas los que nos separaron de la muerte. Nos quedamos los cuatro absortos, sin poder entender lo que había ocurrido.  Bastante más tarde  pudimos darnos cuenta de lo terrible que podía haber sido, si nos hubiéramos cruzado frente al camión, tan solo unos segundos antes.
Carlos fue a buscar la rueda , que continuó rodando como 100 mts. más y Mario, comprobando que se había roto la campana del freno trasero, además de perderse las cuatro tuercas. No había señal para el celular.  Hizo señas a un auto de los poquísimos que se ven en las rutas patagónicas, y siguió de largo. Pero mas adelante paró y dio la vuelta. Y le dimos los datos para pedir el auxilio. María y yo caminamos en sentido contrario, buscando las tuercas, pero era encontrar una aguja en un pajar en ese suelo pedregoso…y sin embargo María encontró una. Pudieron armar la rueda con una tuerca de cada una de las otras y así comenzamos a desandar el camino rumbo a Rio Gallegos, que era lo más cercano y de allí vendría el auxilio. Así fue. Nos llevaron a Rio Gallegos, arreglaron el auto y a las 16 y 30, nuevamente en camino rumbo a San Julián. Allí llegamos alrededor de las 20hs. Nos alojamos en un lindo appart, fuimos a cenar a un restaurante frente al mar y a dormir.
Salimos a las 9 de la mañana y sin novedades llegamos a Caleta Olivia, donde almorzamos. Seguimos viaje con la idea de dormir en Rawson, capital de Chubut, y al día siguiente visitar el dique Florentino Ameghino, y la ciudad de Gaiman. Playa Unión, Dormir nuevamente allí y al día siguiente llegar a Las Grutas, en Río Negro, quedarnos un día para después volver al punto de partida: Olavarria.
Pero no fue posible. Un nuevo mal trance nos esperaba. Faltando solo 30 km. para llegar a Trelew, y un poquito más a Rawson, se oye un fuerte ruido en el auto…Algo que golpeaba…Por fin el motor también se paró. Ya estaba anocheciendo, y afortunadamente paró un auto que se comprometió a avisar al ACA. Después de una prudente espera en medio de la oscuridad, vimos con un respiro las titilantes luces amarillas del camión remolque, que nos llevó a Trelew. Dejamos el coche en un taller para que luego lo enviaran a Olavarria, y a duras penas conseguimos alojamiento, ya que todos los hoteles estaban ocupados. Nos gratificamos con una buena cena, y brindando por nuestra buena fortuna, ya que a pesar de los inconvenientes pasados, estabamos sanos y salvos, y habíamos podido cumplir con el plan trazado, nos fuimos a dormir rendidos después de tantos avatares. Al día siguiente, en un cómodo omnibus cama , salimos a las 13 hs. llegando a Olavarría a las 5 y 30 de la madrugada. A media mañana, después de despedirnos de nuestros amigos ,hasta el próximo viaje, subimos a nuestro auto y llegamos a nuestra casa de Ranelagh, felices y contentos




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